Río, paredón, ¿y después?

¿Cómo pensamos nuestro vínculo con el río? ¿Para quiénes se proyectan las ciudades? ¿Qué paisaje le dejamos a las futuras generaciones?


Esta semana se votó en la Legislatura Porteña la modificación de la normativa urbanística de Costa Salguero. En diciembre de 2019 se autorizó su venta y, con la nueva ley, se complementó la normativa existente del Distrito Joven para permitir más constructibilidad y nuevos usos.


En CABA contamos con 5,6m2 de espacio verde por habitante. A más de 200 días de cuarentena les habitantes de la ciudad somos más conscientes que nunca de que cada centímetro cuenta. Pero no es solo una cuestión matemática: además de metros cuadrados necesitamos espacios de calidad. Cada vez que salimos a respirar buscando verde y espacio público lo vivimos en carne propia. Nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestra autonomía están en juego.


Aprovechando una tradición de planificación urbana negacionista de nuestra costa, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires vuelve a negarnos esta oportunidad de conectar con nuestra ribera y nos encierra entre edificios con parches verdes. Tierras que debieran ser destinadas a uso público y a espacios verdes, que tanto escasean, son encaradas con las mismas lógicas privatistas y mercantilistas que se multiplican en cada parte de la ciudad.

Fotografía aérea del estuario del Río de la Plata, tomada por NASA Astronaut Photography of Earth. Fuente: https://eol.jsc.nasa.gov/


A partir del ‘Concurso Nacional de Ideas’ llamado ‘Buenos Aires y el Río’, cuyo jurado estuvo integrado exclusivamente por hombres y casi exclusivamente por arquitectos, se prevé levantar un conglomerado de doce edificios con alturas que irán desde los 12 a los 29 metros, con calles internas, y un espacio público que culminará sobre la ribera. Para esto las autoridades tienen que reformular la clasificación de las unidades de edificabilidad actuales de los terrenos de dominio público que suman unas 17 hectáreas, al igual que otras 14 hectáreas de un predio lindante, separado por la desembocadura del colector del arroyo Maldonado, donde estuvo Punta Carrasco. Las dos parcelas formarán parte del "Distrito Joven – Costanera Norte" que se extenderá sobre la Costanera Norte. Esta iniciativa es aún más grave: va en contra de la Constitución de la CABA, que en su artículo 8, establece que "los espacios que forman parte del contorno ribereño de la Ciudad son públicos y de libre acceso y circulación".


¿Cuáles son las voces y las necesidades que no están representadas en esta forma de construir ciudad? ¿A quiénes beneficia el cambio en la norma urbanística? ¿Quiénes quedan excluides? Las instituciones que diseñan y planifican la ciudad siguen estando, mayoritariamente, integradas por hombres cis. De esta manera imaginan un futuro urbano que reproduce las lógicas extractivistas del sistema financiero que, a su vez, traducen la violencia patriarcal en la ciudad.

Las mujeres, diversidades, niñes, mayores y personas con discapacidad siguen sin ejercer su ciudadanía urbana. El resultado de que la toma de decisiones siga en mano de varones, de clase media-alta, de mediana edad, con determinadas características físicas, tiene como resultado un modelo de ciudad con un diseño cada vez más excluyente.


No solo le seguimos dando la espalda al río, sino que nos quitan su vista y cementan nuestra costa. Invitamos a una reflexión inclusiva sobre la ciudad y a pensar un paisaje urbano que no niegue el diálogo con el paisaje natural.


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